Plural (México, 1971-1976)

Foto: Grupo Salinas

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A mediados de 1974 —unas semanas después de regresar del periodo aventurero que me llevó a Europa y Medio Oriente durante un año, con 500 dólares en el bolsillo—, un compañero de la Facultad, Armando Pereira —hispano-guatemalteco y, por fin, mexicano— me invitó a quedarme en lugar suyo en el puesto de corrector de la revista Plural, dirigida por Octavio Paz. Acepté pues mi soberbia era tan grande como mi vanidad y ambición. Me presenté a las oficinas de la revista en Reforma. Ahí me recibieron Ana María Cano y Sonia Levi Espira, y la primera me dio unas galeras para corregir. Volví al día siguiente. Me encontré con Octavio Paz. Tenía sesenta años, los mismos que llevo yo ahora. Irradiaba inteligencia y amable serenidad. Se le veía descansado. Iba vestido con una bonita y finísima chamarra de mezclilla con solapas de gamuza y pantalones claros de gabardina. Daba la impresión de venir o ir a un safari, quizá a cazar elefantes. No usaba corbata. Me dijo que me sentara y nos pusimos a conversar —o, al menos, eso creía yo. Me interrogaba discretamente, y me dejaba hablar. Me sorprendió que acababa de publicar en el Suplemento de Siempre, La Cultura en México, dirigido por Monsiváis. Me preguntó qué opinaba yo de Plural. Aunque la pregunta era obvia, yo no había tenido el cuidado de ponerme a repasar los números publicados —que ya sumaban más de treinta— y, además, había estado fuera un año. Me gustan, le dije, principalmente los suplementos literarios, y algunos poemas y ensayos. […] En el curso de mi atropellada conversación mencioné al pasar a Juan García Ponce, Salvador Elizondo y José de la Colina, escritores próximos a la revista y a quienes conocía personalmente. En algún momento me interrumpió y me hizo un par de preguntas sobre política. Yo le dije que de eso no entendía mucho y que prefería  la política una vez que había pasado a ser historia, para así poder leerla. Sonrió imperceptiblemente. Al salir y bajar las escaleras del edificio, se despidió de mí sencillamente, como si nos fuéramos a seguir viendo muchos años. Así fue. Hasta que vino la debacle del golpe Excélsior.

(Adolfo Castañón, “Semilla en Vuelta en Plural”, Literal. Latin American Voices 35, Winter 2014)

¿Qué es una revista como lo fueron Plural y Vuelta? ¿Una revista es una casa de cristal cuyos habitantes –en su vida y en sus sueños tanto como en sus opiniones– están expuestos a la mirada de los otros, del público y la comunidad? ¿Esa casa de cristal es, por su transparencia misma, un observatorio, un mirador desde el cual se observa y registra al mundo y la historia? Desde Plural y Vuelta se ventiló así una conversación que animaron los “solitarios solidarios” y a quienes más tarde se unieron Enrique Krauze, Guillermo Sheridan, Aurelio Asiain, Christopher Domínguez Michael, Fabienne Bradu y tantos otros escritores de aquí y de allá. El valor de cada una estriba precisamente en la fuerza y originalidad con que se lanzó y relanzó desde sus páginas la conversación de la cultura mexicana moderna, ávida, en las escrituras de sus participantes –los inquilinos de la casa de cristal– de estar en el mundo en sus más diversas manifestaciones, y de estar ahí abriéndolo desde México y la cultura escrita y vivida en América a su propia utopía posible o enterrada o semi–enterrada en su pasado: pues estar en el mundo no era tanto para los artesanos inquilinos de la casa de cristal un frívolo oficio de trotamundos a la moda (aunque también, faltaba más), sino un apropiarse del propio mundo, del propio pasado, presente y por venir de otra manera. […] Los observatorios de Plural y Vuelta no sólo fueron un escenario para el exhibicionismo colectivo considerado como un humanismo de las minorías, sino una fábrica de formas mentales y de actitudes, un vivero para la nueva sensibilidad y quizás lo más importante: una arena de combate de la experiencia civil individual y colectiva. Esa arena es, desde luego, ideológica y política, y, con ella, con esa arena está fraguada la piedra del edificio.

(Adolfo Castañón, “Semilla en Vuelta en Plural”, Literal. Latin American Voices 35, Winter 2014)

Conviví con Octavio en Plural, luego en Vuelta. Octavio, siempre […] se ocupaba hasta de los más pequeños detalles y problemas de cualquiera de las revistas y era como estar en medio de una red de vasos comunicantes con el entero mundo plural del pensamiento, la literatura, la Historia fluente.

(José de la Colina, “Mis días de viaje en la nave de los locos”, A treinta años de Plural)

Departamento de David Huerta, colonia del Valle, 1972. La plana mayor del suplemento cultural de Siempre! Preside nuestro caudillo cultural, Carlos Monsiváis. Asiste, si no recuerdo mal, la unidad completa: Manjarrez, Pereyra, Blanco, Aguilar M., Aguilar C., y yo. De pronto, alguien explica el motivo de nuestra reunión: “Hay que darle en la madre a Paz”. Monsiváis, con buen sentido, duda: es el poeta, es el mejor. Yo disiento también, un poco: “¿No sería preferible leerlo o releerlo?” La propuesta parricida se aprueba por mayoría.

Junio de 1972. Ataque sorpresa al “bastión del liberalismo reaccionario y burgués de la cultura mexicana”: la revista Plural. Objetivo: “expulsar del discurso a los intelectuales liberales” que tenían por “valores absolutos la libertad de expresión y la democracia”. El teniente H.A.C. y el cabo E.K. —mea máxima culpa— escriben un texto donde sostienen que “a nuestra imprecisa cultura nuestros intelectuales sólo pueden oponer una finta o una herida, no una obra”. En el número de agosto, las “Letrillas” de Plural nos tratan con benevolencia: nos llaman “pareja de siameses intelectuales… un medio cerebro en dos cabezas”. Yo estaba feliz de que alguien en Plural me deletreara. Desde hacía meses —esquirol intelectual, liberal embozado— era un lector secreto de la revista enemiga. 

(Enrique Krauze, “Por el camino de Paz”, Reforma, 13 de marzo de 1994)

Los nuevos editores de Plural siguen utilizando a su compañero de viaje, aunque las cuentas de la utilización resulten más bien desastrosas; pese a la calidad de algunos artículos, el nuevo Plural está todavía lejos de ser la buena revista cultural de izquierda que las declaraciones de sus editores tanto celebran. Vuelta sigue siendo el altar del elitismo voluntario y del conservadurismo. Como en los buenos tiempos —si algunos— la realidad cultural mexicana vuelve a la fragmentación y al pleito inter-gremial.

(Nexos, “Cabos sueltos. Parábola del viajero inconforme”, Nexos 3, marzo de 1978)

Cuando te fuiste de Plural me escribiste una carta (mejor sería no meneallo) en la que decías, más o menos, lo mismo que decían los sacristanes (no teólogos y ni siquiera inquisidores) de Siempre!: que la revista le hacía el juego al gobierno, que mi posición era la de Fuentes, etc. En suma, implícitamente me acusabas de “colaboracionismo” con el PRI  […] La imputación de “colaboracionismo” con el régimen de Echeverría, fresco lo del Corpus Christi, tendía a borrar mi actitud pasada y a arrojar una duda sobre la independencia de mis juicios. Gran mentira, pues en aquellos días Plural publicaba mi carta a Gilly, prise de position inequívoca frente al gobierno y frente al Dogma. Ellos tenían motivos para atacarme, ¿pero tú?,

(Octavio Paz, Carta a Tomás Segovia, 10 de enero de 1975, Cartas a Tomás Segovia)

Desde que apareció el primer número de Plural se nos acusó de “elitistas” y de publicar textos incomprensibles. No era extraña la acusación: los populistas tienen una idea más bien baja de la inteligencia y la sensibilidad de la gente. En el fondo del populismo hay un gran e inconfesado desprecio por el pueblo. Esos ataques no fueron los únicos. Los conservadores o, más exactamente, los ricos (en México ya no hay conservadores, todos somos revolucionarios), sin leernos, como es su costumbre, nos condenaron al infierno donde se queman los comunistas y los otros rojillos. A su vez, en una operación simétrica, los comunistas nos colocaron sus sambenitos ideológicos, esos zurcidos de invectivas y lugares comunes rituales. Poseídos por el Odium Theologicum, los católicos de izquierda se unieron a los anatemas de los ateos y los paganos.

(Octavio Paz, “Vuelta”, Vuelta 1)

Plural es ahora una tribuna en la que escriben y se expresan libremente los intelectuales más prestigiados del continente americano, precisamente aquellos que por sus posiciones gríticas y revolucionarias no tenía cabida en el primer Plural, ni lo tienen hoy en Vuelta. Pero no publicamos a quienes con tanto entusiasmo acoge Paz y que representan a los renegados de las luchas populares latinoamericanas: Juan Liscano, Cabrera Infante, Severo Sarduy, Jorge Edwards, Emil Rodríguez Monegal, Danubio Torres Fierro, etcétera. Dime a quién publicas y te diré quién eres […]. La rabieta visceral de Paz y sus corifeos: una posición de clase; y un origen oscuro: creer que ellos y sólo ellos son quienes pueden hacer cultura en nuestro país

(Plural. Editorial, “Ladran, Sancho”, Plural 2ª época, 75, diciembre de 1977)

Ahora resulta que [el golpe a Excélsior] fue un avance revolucionario colectivo, internacionalista, que cuenta con el apoyo de Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, Roberto Fernández Retamar y algunas glorículas locales como Juan Bañuelos y Adolfo Sánchez Vázquez. Mario Benedetti, que no sabemos por qué no figura en el directorio, envió una carta a los rompehuelgas con una frase maravillosa: “deseo que Plural realmente se pluralice o sea, que de la élite de la primera etapa pase normalmente al pueblo”. […] Si se quería hacer una revista en la línea de Casa de las Américas, ¿por qué no hacerla independientemente, en vez de solicitar el patrocinio del golpismo, y precisamente del modo perfecto para legitimarlo? ¿Por qué conservar el nombre de la revista Plural, y crear una confusión aumentada por la numeración que continúa y las declaraciones que afirman la continuidad? […] Es evidente que [a] los golpistas nunca les hubieran dado dinero para hacer otra revista: de lo que se trataba precisamente, era de que unas ardillitas con banderas de izquierda ocuparan la casa abandonada, mostrando que todo continuaba “normalmente”, que nada había pasado […]. La oportunidad de los oportunistas era precisamente esa: acomodarse en las ruinas de una casa, por el bien del pueblo, para pasarle una revista antes odiosamente reservadas a las élites.

(Redacción, “El pase de Plural”, Vuelta 13, diciembre de 1977)

En 1971, Octavio Paz solicitó mis servicios para su revista Plural, pero como mi intención era ya retirarme lo más posible del diseño gráfico (intención que cumplí algo así como quince años más tarde), sólo diseñé la tipografía de la cabeza y los titulares y con Kazuya Sakai hice un esquema gráfico. Algún tiempo después, la nueva revista de Octavio Paz, Vuelta, empezó a imprimirse en la imprenta Madero, por lo que hice el diseño de las portadas, que ya contaban con una cabeza trazada por Luis Miguel Quezada.

(Vicente Rojo, “Revistas”, Centro Virtual Cervantes)

“El Inca Paz ya descansa/ (Don Octavio G. Barreda / así lo denominó. / La aclaración vale y queda). / A sí mismo silenciose / este escritor colosal. / En su mortal sueño quiere / volver al mundo plural.”

(Rotger Rosas Ortiz, “Octavio Paz”, Avance Cultural, suplemento de Avance, II, 86, 31 de octubre de 1976)

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