escandalar (Nueva York, 1978-1984)

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«escandalar ya había logrado fuerza, peso. Era un centro gravitacional que atraía cada vez más lectores, amigos y colaboradores. Paradójicamente, Cuba Otra [Vol. 5, enero-junio1982, nos. 1-2], esa balsa de sílabas que hicimos para regresar a la Isla, significó el comienzo del fin. Guillermo Cabrera Infante me había advertido de que iba a ser un harakiri. Lo fue, ciertamente. Seppuku que sí. Pero no por los motivos que Guillermo se pudo imaginar. Él pensaba en una campaña de rechazo promovida por Che Guevaras de bolsillo. No fue así. Esa entrega tuvo una excelente acogida. El problema no fueron los Che sino el bolsillo. Pero mejor, sigamos. Cuba otra era sólo la primera de varias entregas monográficas esbozadas o programadas. Logramos hacer la segunda de ellas, la mujer/la escritura [Vol. 6], correspondiente a los números 21-22, de enero-junio de 1983. No así la encargada a amigos chilenos sobre el exilio latinoamericano. Era imposible —imperdonable— cerrar la revista, justamente, tras la publicación de Cuba otra, como estuvo a punto de suceder. escandalar, así concluida, hubiera parecido una burda maniobra política patriotera. No lo fue. Nunca lo fue. Ni siquiera cuando en sus páginas se estableció una polémica muy recia con Ángel Rama, cuya visión del escritor latinoamericano del exilio, que generaba catálogos de autores contemporáneos para cada país afectado, en el caso de Cuba se limitaba a lo decimonónico y singular: José Martí. Una aberración desde todo punto de vista. Una superchería académica, calculada, fría, cínica. La política como cirugía plástica, zurda, burda y desfiguradora.»

Octavio Armand, “Tarjeta postal”, en J. Gotera (Ed.), escandalar. Edición Facsimilar 1980-1984. Tomo II (pp. 4-19). Ediciones inCUBAdora, 2019.

«J. D. Escandalar fue como Exilio, cada una en lo suyo, una revista que marcó un período. ¿Cuáles serían las diferencias principales entre ambas?

V. B. Escandalar era una revista mucho más literaria y mucho menos dada a las ciencias sociales, entraba, pero muchísimo menos, en el tema político e histórico. Era una revista mucho más volcada hacia la poesía o el ensayo de crítica literaria o incluso plástica, artística. Estaba muy dentro de la onda de la revista Tel Quel, dentro de la onda posmoderna.

J. D. ¿No pudiéramos caracterizarla también como posorigenista, no tenía esa impronta?

V. B. Para nada. En lo absoluto. Era una revista mucho más latinoamericana o internacional, con muchas figuras internacionales de primera fila, a pesar de que de los colaboradores cubanos —que no eran muchos, por cierto— dos de los más asiduos estaban muy vinculados al origenismo: Lorenzo García Vega, que también había colaborado mucho en Exilio, y Severo Sarduy. Eso le daba un cierto tono cubano a la revista. Pero era una revista mucho más volcada en lo poético.

J. D. Luego, hubo una polémica con Ángel Rama, ¿no?

V. B. Hubo una polémica con Ángel Rama que tenía que ver con un ensayo que publicó Octavio Armand, hablando de cómo el exiliado cubano había sido borrado del mapa de la cultura y Ángel Rama contestó, y hubo una polémica curiosa. Era la primera vez que se debatía a esos niveles el tema del exilio cubano. Se le daba carta de ciudadanía, por llamarlo de alguna manera.»

Jesús Díaz, “Víctor Batista: Retrato de un editor”, Revista Encuentro,(28-29),2003, pp. 71-82.

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