Syntaxis (Santa Cruz de Tenerife, 1983-1993)

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«Syntaxis surge (casi) a medio camino entre España e Hispanoamérica; no es española o hispanoamericana, sino ambas cosas. Deliberadamente, me parece a mí. De esa manera la revista subraya el carácter indivisible de las literaturas escritas a ambos lados del Atlántico, sobre todo después del llamado boom de la narrativa latinoamericana, que también lo fue de la poesía. Quien revise el índice la Syntaxis notará en seguida esta característica de la revista, a lo cual hay que añadir la presencia de lo brasileño dada la presencia importante de Haroldo de Campos.»

Roberto González Echevarría, “Singularidad de Syntaxis”, en «Syntaxis»: una aventura creadora, 30 años del nacimiento de una revista, TEA, 2014.

«Escribo esto a propósito de la exposición titulada Syntaxis: una aventura creadora, organizada en Santa Cruz de Tenerife con motivo de los treinta años del nacimiento de la revista dirigida por Andrés Sánchez Robayna, quien, a lo largo de una década (1983-1993), supo encauzar la energía artística y literaria engendrada por la Transición antes de que ésta se remansara y cediera el paso al actual descaecimiento cultural y educativo en el que prevalecen de nuevo la ignorancia oficial, el oportunismo y la dictadura del dios Mercado.

La lectura del sumario de los treinta y un números de Syntaxis confirma la observación de Octavio Paz de que la historia de la literatura moderna se confunde muchas veces con la historia de las revistas literarias. La lista de los escritores y artistas que colaboraron en ella revela la extraordinaria altura de miras de la empresa. La reflexión que vertebra la creación literaria y artística encontró allí una tribuna que no tiene equivalente en las publicaciones peninsulares de la época. La aventura de Syntaxis es la de la transformación del archipiélago canario en el que nació en esa constelación de “ínsulas extrañas” que condensa y alquitara la diversidad de la cultura en todos los países y épocas.»

Juan Goytisolo, “Syntaxis, un obligado punto de referencia”, en «Syntaxis»: una aventura creadora, 30 años del nacimiento de una revista, TEA, 2014.

«Cuando en 1983 aparece en Tenerife el primer número de la revista Syntaxis, un proyecto editorial que establecía sus coordenadas culturales en la voluntad —declarada ya en el texto de apertura— de organizar una mirada sobre el trabajo creador y el diálogo entre las artes que respondiera a las exigencias y necesidades de la más rigurosa modernidad, lo hace inmerso en ese contexto y a partir de un inconformismo ante la trivialización de la cultura que convertirá a la revista canaria, con los años, en uno de los espacios más eficaces y reconocibles a la hora de combatir la desustanciación de los procesos culturales del momento. Por un lado, Syntaxis se alineaba con la que quizá sea la corriente transversal más fructífera de la aventura cultural contemporánea: la gran tradición —más arriba comentada— de las revistas culturales europeas y americanas empeñadas en definir, promover y establecer visiones profundas sobre el presente, una de las más notables aventuras que la cultura de creación se ha concedido a sí misma en los dos últimos siglos. Por otro lado, Syntaxis, de la mano de su director, Andrés Sánchez Robayna, se situaba al margen de la cultura mayoritaria española de la época y enlazaba con las “excepciones” —tanto españolas como extranjeras— con las que compartía el interés manifiesto por el diálogo entre las artes, la indagación en el espíritu de la modernidad, la expresión del pensamiento crítico, la traducción y su fenomenología como síntesis del hecho cultural, la realidad de la literatura hispánica como conjunto al mismo tiempo variado y unitario (y esto quiere decir, ante todo, la atención a la diferencia cultural iberoamericana), las nuevas miradas a los “antecedentes” y los clásicos en parte fosilizados por el academicismo y, en suma, el espíritu que vertebra la “tradición moderna”, que es, en conocida expresión de Octavio Paz, la “tradición de la ruptura”».

Alejandro Krawietz, “Ordenar la diversidad: 30 años de Syntaxis”, «Syntaxis»: una aventura creadora, 30 años del nacimiento de una revista, TEA, 2014.

«Durante mi último año en el [Instituto] Lucas Martín Espino de Icod, la profesora de lengua, Margarita Gómez Sierra ―por desgracia fallecida hace ya unos años―, solía llevar a clase algunas de sus lecturas personales. Entre esos abundantes y raros tesoros aparecieron, entre otros, libros de Severo Sarduy, de Andrés Sánchez Robayna y ejemplares de una revista que, dos años después, iba a ser crucial en mi vida; me refiero a la revista Syntaxis. A menudo la profesora Gómez Sierra se saltaba el temario del día y se entregaba a unos panegíricos entusiastas y majaderos: que si Sarduy esto, que si Sánchez Robayna lo otro, que si Syntaxis aquello… Su adoración por los poetas y escritores que constituían aquel milagro llamado Syntaxis no tenía límite. Recuerdo haber hojeado algunos ejemplares de esa revista y haberme quedado atónito. Y digo bien, hojeado con h, porque entonces mi educación literaria no había pasado de la Generación del 27 o de mi admiración por los simbolistas y parnasianos; de resto era un burro y mis ojos no estaban preparados para comprender una sola de aquellas líneas. Pero hallé un nombre familiar entre tanto escritor francés, alemán, inglés o portugués, el nombre de un poeta al que yo había leído casualmente en la biblioteca y al que, en mis delirios de joven Rimbaud, imaginaba como la sombra fantasmal de un viejo paisano flâneur: Miguel Martinón, secretario de redacción de la revista. […] El destino quiso que un poco más tarde, en el legendario número doble 30-31 de Syntaxis, su director diera por concluido aquel viaje heroico llevado a cabo contra viento y marea. En especial contra el viento y la marea de no pocos escritores de Canarias, refractarios a la filosofía poética de la revista y ciegos ante sus lecciones. Jamás he oído invectivas tan cargadas de ferocidad y sobre todo tan carentes de fundamento como las que recibió Syntaxis, y todo lo que tuviera que ver con Syntaxis, de parte de ciertos escritores de Canarias, salvo que la maldita envidia sea una herramienta crítica, claro está. ¡Y yo que llevado por mi inocencia había creído que nadie en Canarias discutía la importancia, la necesidad y la belleza de Syntaxis! No era así en absoluto. La mayoría echaba pestes de la revista, de sus contenidos y de sus artífices. La consideraban elitista y no sé cuántas cosas más… ¡Elitista! A menudo es el grito de guerra de quienes no se atreven a abandonar sus cómodas retículas.”

Francisco León, “El arca VII”, La Galaxia a Mediodía, https://lagalaxiaamediodia.tumblr.com/post/82312449331/el-arca-vii/amp

«Sobre mi deseo de pertenencia a otras constelaciones literarias, más allá de este circo de rocas abismadas en el que he ido creciendo hasta mi inminente inexistencia, le confieso que me siento extraño dentro de la actual poesía española. Ya he manifestado que, de alguna forma, por todos esos antecedentes a los que me he referido a lo largo de esta respuesta, yo me encuentro dentro del Gran Desvío que se produce en la literatura canaria en las últimas décadas, acentuado sobre todo a partir del ejemplo resistente de Syntaxis y el repudio de la poesía de la experiencia, una corriente desustanciadora que ha ocupado casi de manera asfixiante (con valiosas excepciones) el panorama peninsular.»

Melchor López, citado en Francisco León. “Vivir de ver”, La Galaxia a Mediodía.

«Como puede apreciarse fácilmente, la actitud de Syntaxis sobre Canarias excede del proyecto de la revista y no está presente en ella de forma ocasional; de hecho, ha sustentado otras actividades en que los editores de Syntaxis hemos participado desde antes del nacimiento de esta revista: me refiero al suplemento “Jornada Literaria”, a la colección “Espacio El Mar” y a la colección de clásicos publicada por el Instituto de Estudios Canarios. Creo que el conocimiento de estas otras actividades puede servir para comprender mejor el preciso y particular contexto en que surgió Syntaxis

Miguel Martinón, “Diez años de Syntaxis”, en Espejo de Aire. Voces y visiones literarias, Verbum, 2000.

«P.— Syntaxis es la más veterana revista literaria del Archipiélago y ha alcanzado una proyección nacional e, incluso, europea, pero en ocasiones se le tacha de cierto elitismo y de no prestar atención suficiente a la literatura canaria. ¿La publicación actúa bajo algún programa estética concreto?

R.— Creo que no. No teníamos ideas estéticas preconcebidas de por dónde debiera desarrollarse la revista. Syntaxis apareció con una preocupación definida: la de reflexionar y definir la cultura (en particular, la literatura y el arte) de nuestra época. Cuando salió la revista, comenzaba a circular con fuerza el concepto, que a mí me parece un tanto superficial y confuso, de posmodernidad. Es superficial y confuso, entre otras cosas, porque el término es una traducción del inglés, y en la literatura y la estética anglosajonas se entiende como modernismo el fenómeno de las vanguardias. Pues bien, nuestra intención era y es la de acercarnos a lo más actual y más moderno, a las creaciones que presentan una mayor radicalidad y vitalidad, aceptando, desde luego, la pluralidad de las manifestaciones artísticas contemporáneas. Y esto sin abandonar la atención, que creo que ha sido constante, a la producción literaria de las Islas Canarias y la reflexión sobre ella.

P.— ¿Cómo esquiva Syntaxis los problemas habituales de estas publicaciones: necesidad de subvenciones, distribución, venta, etcétera?

R.— Pues… como se puede. Algún lector puede pensar que la revista carece de problemas económicos o que incluso cobramos los que colaboramos en ella. Syntaxis cuenta desde sus inicios con una subvención del Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife, pero a menudo llega con cierto retraso. De los mil quinientos ejemplares de cada número, el Cabildo se queda, en concepto de subvención, exactamente con trescientos. La distribución nos preocupó desde el principio: fue una aspiración que la revista circulase con la máxima normalidad, y creo que lo hemos conseguido. Tenemos distribuidores aquí y en Madrid, y se vende razonablemente bien.»

Miguel Martinón, entrevistado por Alfonso González Jerez, “Ante la presentación de Por esta claridad”, en Miguel Martinón, Espejo de Aire. Voces y visiones literarias, Verbum, 2000.

«Syntaxis vio la primera luz —la envolvente pero precisa luz tinerfeña— en el invierno de 1983 cuando, con mejor intención que sindéresis, se empezaba a hablar de la ‘movida’ como nueva forma de la cultura. Decidió desaparecer en el invierno de 1993 cuando la crisis de la economía —y luego la de cualquier forma de confianza pública— barrían los últimos restos de la verbena. En la primera fecha, su director, Andrés Sánchez Robayna, había escrito que la revista salía por los fueros de la modernidad —de una modernidad todavía inconclusa, esencialmente inconclusa, como la defiende Jürgen Habermas— frente a la comprobación de que, en el ámbito hispánico, la llamada postmodernidad se ha hecho “coincidir con un neoclasicismo caprichoso, acrítico, en todo caso ciertamente pre-moderno” y “suele ser no menos injustificado pretexto para una negación de la historia”. En el invierno de 1993 y tras treinta y una entregas, la revista comprobaba que su proyecto “no ha hecho más que chocar una y otra vez contra los muros ciegos de la cultura trivializadora” y señalaba la raíz de sus males en la “ausencia de un pensamiento crítico” en una España donde “soledad e insularidad se vuelven conceptos solidarios”».

José-Carlos Mainer, “La sintaxis del mundo. Aproximación a una revista”, Revista de Poesía. Poesía en el Campus 31, 1995.

«Iniciada en 1983 y después de diez años de publicación, la revista española Syntaxis llega a su término. Andrés Sánchez Robayna, director de la misma y colaborador cercano de Vuelta, explica las razones de este deceso: “Si algo ha podido destacarse en claro relieve a lo largo de diez años, ello ha sido el silencio con que nuestra cultura recibe todo ensayo de voluntad crítica, tal vez el más trágico elemento definidor del contexto español contemporáneo”.

La publicación nació del esfuerzo de un grupo de escritores y artistas que, excéntricamente, arrancó con la creación de una serie de poesía, Espacio el Mar, nombre con el cual se pensó también bautizar, posteriormente, a una revista cuyo tiraje correría paralelo a aquella colección. Sin embargo, del proyecto de revista surgió Syntaxis, publicación cuatrimestral que, en su primer editorial (invierno 1983), restañó el fuete con la promesa de alentar la reflexión y la creación desde “un universalismo radical, crítico y vigilante”. Contra lo que opina Sánchez Robayna, esta promesa tuvo repercusiones indiscutibles. Dentro del contexto peninsular de la década de los ochenta, Syntaxis fue un proyecto que inauguró un modo diferente de entender la cultura contemporánea. Aprovechando su “insularidad” canaria (idea de indudable raigambre lezamiana), fincó espacios de confluencia a partir de los cuales pudiera desarrollarse un pensamiento español verdaderamente moderno, atento al arte y la reflexión de latitudes extranjeras.»

David Medina Portillo, “Syntaxis se despide”, Vuelta 207, febrero de 1994.

«En un principio, la revista no iba a llamarse así, sino Espacio El Mar. Me gustaba mucho ese nombre, me parecía muy sugestivo en relación con una publicación realizada en o desde Canarias, un nombre que encerraba además un homenaje doble: a Juan Ramón Jiménez, al gran poema de su período final, por un lado, y por otro a Ezra Pound, que editaba en Rapallo, en los años treinta, el supplemento letterario del periódico local, lI Mare. Esto último también tenía su clave canaria, porque en 1980, poco después de mi llegada a Tenerife, empezamos a publicar el suplemento literario de un modesto periódico local, Jornada Literaria, que siguió apareciendo hasta 1985; me atraía, como a Pound —salvadas sean las distancias—, esa idea de trabajar localmente, de actuar sobre el contexto inmediato… Pero el proyecto de la revista era todavía una nebulosa a fines de 1981, y el nombre de Espacio El Mar pasó a designar, como sabes, una pequeña colección de cuadernos literarios que empezó a publicarse a principios de 1982. La colección duró poco tiempo, apenas un año. Cuando el proyecto de la revista se concretó por fin, hubo que buscar otro nombre. Me interesaba mucho por entonces la idea de Mallarmé según la cual el poeta es en realidad un “syntaxier”. Solía decir: “Je suis un syntaxier…”. La palabra sintaxis es muy rica, muy sugerente también. Es verdad que corríamos el riesgo de ser confundidos con una revista de lengua o de lingüística (de hecho, una revista universitaria, años después, adoptó ese nombre), pero eso tampoco me disgustaba, porque estaba asociado a la idea de la “poesía de la gramática” de la que hablaba Jakobson, característica de grandes creadores, la ‘logopeia’ de Pound (otra vez Pound). En fin, sintaxis era un término de muchas resonancias. Me importaba ante todo la idea de ordenación, de “coordinación”, presente ya en la raíz griega de la palabra. Coordinación de materiales diversos, diálogos, puentes, concordancias… Fue Miguel Martinón quien, en un momento dado, sugirió introducir la y griega en el nombre, con el fin de asociar la palabra a la forma que esta tiene en otras lenguas europeas: syntax, en inglés y en alemán, syntaxe en francés… La y griega venía a ser la variante específica de nuestra revista, su marca peculiar, su “différence”, para decirlo con un término muy de la época.

[…] Habría que decir de entrada que, a diferencia de revistas como Plural o Vuelta, en las que yo mismo colaboré, Syntaxis no se ocupó nunca de política ni de sociología. No digo que una revista de creación no deba hacerlo, sino que ese no fue el estilo de Syntaxis. Estábamos, no sé, en otra línea más “clásica”, la de Commerce, la de Botteghe Oscure, incluso la de Orígenes… Es evidente, sin embargo, que todo texto, como toda actividad humana, sean las maneras de mesa o la escritura de un poema, tiene una dimensión política, y Syntaxis, al escoger una vía difícil, muy exigente y autoexigente, al inclinarse por una literatura en sentido fuerte, como diría Calasso, ya estaba tomando postura. No faltó quien nos tildara de puristas y elitistas, un reproche, por cierto, que ya había escuchado antes, y todavía hoy, para no hablar de quienes nos acusaban de “incomprensibles”, herméticos o esotéricos.

No era nada nuevo, en realidad, respecto a las revistas de creación, o de “vanguardia”, para entendernos. Más grave me pareció, en cambio, la acusación formulada por un viejo marxista, reconvertido a la causa nacionalista, de que en realidad no debíamos recibir apoyo del Cabildo Insular, porque no se entendía en una publicación canaria semejante espíritu “cosmopolita”, y que debíamos recibir más bien ayuda de la UNESCO. Está claro, pues, que Syntaxis tenía una lectura política.»

Andrés Sánchez Robayna en entrevista con Alejandro Krawietz, “Syntaxis, razón de ser”, «Syntaxis»: una aventura creadora, 30 años del nacimiento de una revista, TEA, 2014.

«Syntaxis fue una revista de literatura, arte y crítica que aspiraba a organizar una mirada sobre el diálogo de las artes según las más rigurosas exigencias y necesidades de modernidad […]. En principio, la revista desapareció por un conflicto con los distribuidores, aunque toda revista tiene un ciclo de nacimiento y de muerte y pensé que, después de 10 años, Syntaxis ya había cumplido su función; sin embargo, también encontramos una cierta incomprensión en el medio cultural español, porque lo que propugnaba Syntaxis no encontraba el caldo de cultivo necesario entre el público durante aquella época.»

Andrés Sánchez Robayna, en Nora Navarro, “El espíritu de una revista” La Opinión de Tenerife, 30 de diciembre de 2013.

«Es verdad que el espíritu, la poesía, la creación, se niegan a la identidad deparada por los números. Los diez años de Syntaxis que son esta entrega se cumplen, y que la presente advertencia quiere recordar, no se miden sin embargo por un simple quantum, sino por la continuidad que han logrado mostrar en el camino de piedras blancas hacia el conocimiento. Establecer el exacto acorde entre los propósitos con que Syntaxis nació en 1983 y la trayectoria de un decenio no es tarea que corresponda llevar a cabo en estas mismas páginas; es otro, el lector, quien debe aquí hacerse oír. Sí toca a esta revista, en cambio, hacer notar que lo que en 1983 decíamos en cuanto a la excentricidad de un proyecto intelectual y creador (fundado, por lo demás, en el diorama y la misterosofía de la insularidad, de la “respiración insular de la cultura”) no ha hecho más que chocar una y otra vez contra los muros ciegos de una cultura trivializadora. Si algo ha podido destacarse en claro relieve a lo largo de diez años, ello ha sido el silencio con nuestra cultura recibe todo ensayo de voluntad crítica, tal vez el más trágico elemento definidor del contexto español contemporáneo: la ausencia, en efecto, de un pensamiento crítico, de un pensamiento capaz de prestar alguna escucha no ya sólo a la excentricidad intelectual y creadora, sino también a todo espíritu que no coincida con la chatura de unos valores que han mostrado —las excepciones no han invalidado la regla— estar por debajo de la contemporaneidad.»

Andrés Sánchez Robayna, “Diez años de Syntaxis”, Syntaxis, 30-31, otoño 1992-invierno 1993.

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