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«Cuando me disponía a sacar El Rehilete me pareció oportuno entrevistarme con María del Carmen Millán, que había estado entre las primeras editoras de Rueca, porque se trataba de una idea semejante a la mía, una revista literaria con editorialistas mujeres. María del Carmen me recibió amable, escuchó con su impaciencia y eficacia características, y me aconsejó que dejara las cosas en paz pues el proyecto no duraría arriba de dos números, dijo. Añadió que ellas se habían cansado del tremendo esfuerzo que les presentó la edición y se la pasaron a un segundo grupo nada obstinado. Desertaron al poco tiempo. La escuché con el respeto debido a una maestra y caminando meditabunda el pasillo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, al salir hacia el estacionamiento, ocurrió una especie de milagro. Encontré a Helena Beristáin, parte del segundo grupo de Rueca, que me saludó muy afable. Entonces no éramos las grandes amigas que después fuimos; pero siempre ha sido generosa para escuchar a los demás. Le expuse de nuevo mis propósitos. Le confié lo dicho por María del Carmen y ella me aconsejó justamente lo contrario. “Cumpla sus sueños. Los jóvenes necesitan experimentar y las revistas son como laboratorios donde pueden foguearse”. En media hora oí dos opiniones diferentes y, claro, tomé la que me cuadraba. Es lo que se hace en la vida. Y por supuesto nunca he renegado de El Rehilete ni de los tremendos trabajos que implicó. Hoy no me los echaría a cuestas. Todo tiene su momento. Creo que Rueca y El Rehilete cumplieron una función algo tímida y sin embargo importante. Eran obra de mujeres ejecutivas, raras en sus respectivos momentos, que de diferentes maneras pasaron a nuestro caudal literario principalmente como maestras, ensayistas o filólogas. Y ambas publicaciones descubrieron a escritores incipientes respaldados por figuras consagradas al tiempo que procuraban con su actitud nada discriminatoria abrir una brecha.»
Beatriz Espejo entrevistada por Elena Urrutia, “Rueca: una revista literaria femenina”, en Elena Urrutia, Coord., Nueve escritoras mexicanas nacidas en la primera mitad del siglo XX y una revista.
«Empezó en alguna clase de Filosofía y Letras. Emma Saro, discreta, de carácter decidido, bien vestida, dueña de una imprenta, era mi vecina de banca. “Hagamos una sociedad de literatura —me dijo un día— y podremos publicar una revista. Yo regalo el primer número.” “Magnífico —contesté—, invitemos a las demás…” y así fue.
A la salida de clase, aquello se convirtió en junta, y se citó a otra junta a la que, por ser la primera, como siempre, asistieron muchas personas y todas puntuales. No pasamos de ahí. De pronto, alguien opinó que no debíamos invitar a José Vasconcelos a colaborar con nosotras…
Pero ¿por qué no Vasconcelos? Ya hubiéramos querido su firma en una revista, cobraba caro, sin duda, y no podríamos pagarle, pero ¿por qué no Vasconcelos? Su fogosa oponente habló del Ulises criollo, de La tormenta y naturalmente acabo en el desastre con el proyecto; porque, con igual pasión, alguien se paró a defender a Vasconcelos, a justificar sus aventuras y a hablar hasta de la Revolución. Y otra, y otras más… Emma comento: “Habrá que hacerla solas”
[…] A partir del segundo número de Rueca decidimos figurar sólo dos o tres de las editoras en cada número. Deliberadamente, procurando reunir más bien junto a la firma de escritores conocidos, a las nuevas firmas deseosas de penetrar en la literatura.
[…] Tal vez Rueca fue sólo una aventura, con todo ese encanto del riesgo y de la probabilidad. La dejamos que corriera, la agotamos, no la vivimos a medias. Quizá queríamos recorrer el archipiélago, conocer otras islas, conocer el mundo. Mar adentro, no pudimos llegar, nos detuvo el ruido de la guerra, el espanto de la muerte y de la nada. Incursionamos por donde pudimos, dialogamos con seres inteligentes. Vivimos nuestro propósito. Volvimos de nuestro viaje con nostalgia, pero sin tristeza. »
Carmen Toscano, “Rueca”, Las revistas literarias de México, INBA, 1963
«El hallazgo del nombre se lo debemos a Alfonso Reyes, al pequeño juguete que había sobre alguno de sus libreros y que Manuelita, su esposa, tomó una vez para sacudir, mientras don Alfonso escribía un poema. ¿Cómo le pondremos a la revista? Habíamos preguntado al Maestro. Y unos días después, alborozado, nos dice el nombre: “Rueca” y con aquélla su gracia inolvidable nos cuenta la anécdota y la salpica de historias».
Carmen Toscano, entrevista con Luz del Carmen Fentanes Rodríguez. Índices de Rueca. Tesis de licenciatura, UNAM, 1982
«Era un grupo muy bonito de la Facultad de Filosofía, un grupo bien conservador. La revista desde el principio tuvo muy buena calidad y fue muy apreciada por sus maestros Jiménez Rueda y Torri».
José Luis Martínez entrevistado por Elena Urrutia, “Rueca: una revista literaria femenina”, en Elena Urrutia, Coord., Nueve escritoras mexicanas nacidas en la primera mitad del siglo XX y una revista.
«En un Symposium Latinoamericano de Sociología de la Mujer que hace unos dos años tuvo lugar en México, oí decir a una de las editoras de la revista fem. que el grupo de Rueca había sido el pionero del periodismo femenino en México . Esta afirmación, que no se me había ocurrido nunca, me dejó sorprendida, pues cuando hicimos Rueca no sabíamos que detrás vendría el movimiento feminista que presenciamos. La hicimos con mucha naturalidad: como la expresión de nuestro crecimiento espiritual, y no con propósito “feminista” deliberado. La reticencia masculina nos obligó, indirectamente, a formar un grupo exclusivamente femenino, pero no a volvernos “feministas”. Lo que no quiere decir que yo, en lo particular, desprecie los logros o desconozca las razones del feminismo actual.»
María Ramona Rey entrevistada por Luz del Carmen Fentanes Rodríguez. Índices de Rueca. Tesis de licenciatura, UNAM, 1982
«Saluda a Carmen Toscano; tengo que enviarle un original para Rueca. Pero el calor me tiene muy oprimida y la preocupación por mi madre y hermana que están, como sabes, en París, ha sido terrible hasta que tuve carta de ella.»




