
Foto:
Investigación
Última actualización
«Me parece a mí que la virtud principal de Orígenes era esa, de que era una de las pocas cosas reales que había en Cuba en aquel momento, una de las pocas que eran exactamente lo que pretendían ser, mientras los profesores eran farsantes, los políticos ladrones, aquella pequeña revista era una revista de literatura.»
Eliseo Diego, “Orígenes (documental)”, 1988.
«Y de la revista hay que reconocer, contrariando lo que durante mucho tiempo se dio por sentado, que su dirección efectiva no correspondió solo a Lezama, aunque su papel fue sin discusión el más importante, sino también a José Rodríguez Feo. Al error de negarle al último esa condición contribuyó la acritud de la conocida y lamentable disputa entre ambos que dio al traste con la revista. Pero hechos anteriores también alimentaron tal error. El primero de esos hechos es que durante los cuatro números iniciales (1944) aparecieran como editores Lezama, Mariano, Alfredo Lozano y Rodríguez Feo: así, con variantes, había solido proceder Lezama en las revistas que hiciera previamente, y en las cuales le pluriel era en realidad bien singulier, de modo que cuando a partir del número 5 (primavera de 1945) quedaron como editores, por razones que ignoro, solo Lezama y Rodríguez Feo, el camino estaba expedito para seguir creyendo que Lezama era el único verdadero director de la revista. Él tenía una densa historia como hacedor de publicaciones, mientras Rodríguez Feo no sólo carecía de tal historia, sino que, siendo hombre rico que pagó generosamente la revista durante una década, la tentación de limitarlo a ese papel era grande. Además, la holgura material de su vida le permitía pasar largas temporadas fuera de su país, lo que no facilitaba sus vínculos frecuentes con los demás colaboradores cubanos de Orígenes. Por último, los editoriales, obituarios y comentarios diversos (a veces llamados Señales), firmados por “Los editores” o aparecidos sin firma para hacer ver que implicaban el criterio común de los editores, aunque de seguro suponían acuerdo entre ellos, tienen el inconfundible estilo de Lezama.
[…]
La inserción (crítica, es verdad) de Rodríguez Feo entre los privilegiados de los Estados Unidos en el momento en que la nación se estaba convirtiendo en nueva cabeza de Occidente, permitiría al encantador y opulento cubano un encuentro directo con muchos de los mejores productos (y no pocos de sus productores) de la cultura occidental al uso en las décadas del 40 y el 50, o vistos desde la óptica prevaleciente entonces. En este sentido, su tarea fue similar a la que desde 1931 desempeñara Victoria Ocampo para la revista argentina Sur, tan admirada en Orígenes, donde se la anunció regularmente diciéndose que presentaba “los más selectos escritores”.
[…]
Se ha repetido que Orígenes no tuvo un explícito carácter polémico, lo que es cierto si se la compara con otras importantes publicaciones, como Amauta (que arrancó con el subtítulo Doctrina-Arte-Literatura-Polémica), pero no debe ser absolutizado, ya que Orígenes también estuvo obligada a clarificaciones y defensas inevitablemente polémicas. Sus polémicas tuvieron principalmente tres blancos: la desfachatez y corrupción oficiales, la mediocridad del ambiente cultural, y en grado menor ciertas posiciones hostiles de algún grupo de izquierda.»
Roberto Fernández Retamar, “Orígenes como revista”, Thesaurus tomo XLIX, núm. 2, 1994.
«Así que Juan Ramón todo poesía, y voluntad de poesía, andaluz universal, etc., tenía una diatriba contra los poetas profesores. Así que Lezama, contra la voluntad del rico [se refiere a José Rodríguez Feo], impuso la colaboración diatriba del Juan Ramón poeta. Así que el rico rompió con Orígenes por la colaboración del Juan Ramón poeta, pero el Juan Ramón poeta, también todo cautela, se hizo el desentendido, o se hizo el chivo loco, y no envió un plato de torrejas, pero envió $10 a Orígenes, para que se luchara contra el rico, pero parecía que el Juan Ramón no comprendía nada de la lucha contra el rico, o no quería saber nada de la lucha contra el rico. Y es que Wallace Stevens decía que el rico era un poeta, y es que muchos famosos intelectuales extranjeros, que habían colaborado en Orígenes, se hicieron los desentendidos en la lucha contra el rico. Y Lezama estaba paranoico, corrió para la casa de Julián Orbón, y temió que algunos origenistas pudieran irse con el rico. Y no creo que algunos origenistas se hubieran ido con el rico. Lo que pasa es que estoy rodeado de estrellitas. Y Lezama tenía razón para sentirse paranoico. Pues lo último que puede pasar es encontrarse en un Aeropuerto sabiendo todo esto. Pero me he caído de una bicicleta, como si fuera un chismoso, y los origenistas no se fueron con el rico, ni creo que se hubieran ido con el rico. Pero los origenistas vivían dentro de un pulmón de hierro, y había, con Lezama, un juego sado-masoquista, por lo que los origenistas, pese a las grandes palabras, y pese a la voz sola del barroco, no apoyaron económicamente a la revista, y dejaron morir los años de Orígenes. Así que estuvieron con Lezama, los origenistas. Las estrellitas. Pero no estuvieron con Lezama, los origenistas. Pues se era, y no se era. Y Lezama a veces quería ser el padre, pero había un juego sado-masoquista con el padre. Pues Lezama, y los años de Orígenes, es también la pesadilla de Lezama, y la pesadilla de los años de Orígenes.»
Lorenzo García Vega, “Los años de Orígenes. El cofre”, Vuelta 9, agosto, 1977.
«Le envío el No. 38 de Orígenes, acabado de publicar. Y aparte el Orígenes, apócrifo, y el primer número de Ciclón, dirigido por Rodríguez Feo, con el cual he roto toda relación de trato. La patraña que urdió fue un completo fracaso; aliado a gente de aquí y de allá, a intrigantillos desconocedores de lo que había pasado en la cultura cubana en los últimos veinte años, tuvo que convencerse que no bastaban sus millones para imponer criterios, e intervenir en una polémica, que por su carencia de fanatismo y decisión intelectual, no lo rozaba. La marcha del Orígenes que hacemos los que siempre hicimos, prescindiendo ahora de ese señor, es una muestra que la revista tenía un destino en el que él no participaba. Buena lección para los intrigantillos, corachulistas [?], cosmopolitas, que fueron tranquilamente barridos en toda la línea.»
José Lezama Lima, “Carta a Zenobia Camprubí. Junio de 1955”, La Gaceta de Cuba 3, mayo-junio, 1994.
«El dinero [familiar] lo invertí para la revista Orígenes, que se creó después de Espuela de plata y Clavileño, revistas muy efímeras. En una carta, me escribió Pedro Henríquez Ureña : “Tu revista es muy buena, debe durar por lo menos dos o tres años…” Las grandes revistas literarias son las que han hecho los poetas y los pintores, no los hombres de negocio. ¡Y esta revista duró diez años! Representó en la cultura cubana algo único.
[…] ¿Qué pasó? Durante diez años, Lezama y yo…, y de pronto, en 1953 cuando fui a España, Lezama estaba publicando la famosa “Crítica paralela” de Juan Ramón Jiménez. Un texto aborrecible, tremendo, infamante, donde Juan Ramón ataca a Cernuda, a Jorge Guillén, a Vicente Aleixandre. Juan Ramón, uno de los seres más horribles que haya surgido… [risas]. Era un monstruo, esa cosa española repugnante. Entonces el ataque de Juan Ramón a Cernuda, a Jorge Guillén, a Vicente Aleixandre ―se refiere al hecho que Vicente Aleixandre era homosexual… Y ese texto se lo había mandado Juan Ramón a Lezama, y Lezama nunca me lo enseñó, y… bueno, ésta es la verdadera historia del cisma de Orígenes, que casi nadie lo sabe.»
José Rodríguez Feo, “Las revistas Orígenes y Ciclón”, América. Cahiers du CRICCAL 9-10, 1992.
«Orígenes no fue bien visto ni por la derecha ni por la izquierda. […] Se dejaban caer con comentarios irónicos acerca del elevacionismo de Orígenes y que estaban de espalda al pueblo y que no nos interesaba el país y todas estas cosas.»
Cintio Vitier, “Orígenes, ‘La Cuba secreta’”, 1995.
«Con el tiempo se haría ostensible que Orígenes no era enemigo de La Gaceta, sino que el enemigo de ambos era la frustración de la república y la traición de los gobernantes. Así en 1949 el director de Orígenes, José Lezama Lima, en una de sus “Señales”, escribía: “Lo que fue para nosotros integración y espiral ascensional en el siglo XIX, se trueca en desintegración en el XX”, y refiriéndose a los inicios de la seudorrepública recordaba irónicamente que “si en aquellos venturosos años eran diez las familias que salieron beneficiadas de empréstitos y contratos, hoy son cien las que salen de cada Gobierno girando contra su propio banquero, que es la hacienda pública.”»




