Examen (México, 1932)

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«Un grupo de lectores amigos de Excélsior puso ayer en nuestras manos el ejemplar número 2 de una revista mensual de “literatura”, llamada Examen, correspondiente al mes de septiembre último, sin hacernos más recomendación que la de pasar la vista por sus páginas, y proceder consecuentemente, si considerábamos de nuestro deber, acudir en defensa de la moral y la decencia. Hemos leído dicha revista y, efectivamente, nos hemos dado cuenta de que jamás en la historia de las hojas impresas en México se había estampado un lenguaje de tal procacidad, ni de la más cínica expresión, como el que aparece en la novela Cariátide, con que engalana sus columnas la publicación aludida. […] En las páginas de la famosa revista de “literatura” pueden leerse expresiones de una crudeza tal que se resistiría a repetirlas el más soez carretonero en cualquier sitio donde no estuviera rodeado de los de su laya. Una sola de esas expresiones sería suficiente para que cualquier agente de policía, consciente de su deber y conocedor de los reglamentos del ramo, condujera al que la hubiera vertido a la cárcel para recibir el castigo correspondiente.»

Anónimo, Excélsior, 19 de octubre de 1932, citado en Guillermo Sheridan, Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen

«Del escándalo de Examen resulta, hasta ahora, la “licencia” sin sueldo de Cuesta, Samuel Ramos, Pellicer, Xavier Villaurrutia y los dos Gorostiza. Por éstos y por Carlitos lo siento principalmente, pues carecen de todo ingreso para vivir ellos y sus familias. Parece que más adelante volverán a sus puestos, salvo Samuel Ramos, pues su “Psicoanálisis del mexicano”, en donde sostiene que en el fondo del espíritu mexicano existe un complejo de inferioridad, ha caído muy mal en ciertas “altas esferas”, donde se sostiene el criterio de que aún no ha llegado el momento de que un Ganivet mexicano diga verdades, sino que hay que exaltar el espíritu nacional aunque sea con hipérboles. 

Los muchachos cometieron una quijotada solidarizándose con Salazar Mallén. Ignoraban sin duda (como yo hasta hace poco) que éste, comunista de hueso colorado, tiene pendientes dos procesos por injurias al presidente y al Ejército Nacional, antecedentes que complican el asunto…»

El Abate Mendoza a Alfonso Reyes, México, 25 de noviembre de 1932, citado en Guillermo Sheridan, México en 1932. La polémica nacionalista

«La publicación de esta novela [Cariátide] con tal libertad de lenguaje en sus páginas, motivó que el periódico Excélsior, en su edición del 19 de octubre, delatara a Examen ante las autoridades como culpable de ofensas a la moral. Inmediatamente se unieron a Excélsior, en su edificante empresa de delación y de escándalo, algunos otros periódicos.

Debo advertir, aunque sea ocioso para nuestros lectores, que Examen es una revista que sólo circula entre un reducido grupo de personas inteligentes; cuya misma forma impresa no es la más adecuada para atraerle otra clase de lectores; que la novela publicada no pertenece a una clase de literatura diferente a la que llena sus páginas, esto es, la más seria y la más impopular, y que, por consecuencia, nunca se pretendió que esta novela llamara la atención del vulgo.

Por la misma razón tampoco se pensaba que Examen llegaría a manos de ciertos periodistas; pero en el mundo sucede lo más inconcebible y, así, pues, no diré que un periodista de éstos la leyó, pero se dio cuenta de la libertad de lenguaje en que solía incurrir, y entonces, ya se sabe, se ofendió su “moral” y, como muchas personas “morales” acostumbran, la delató a la policía, con la envidia y con el aplauso de sus otros compañeros del mismo nivel intelectual.»

Jorge Cuesta, “La política de la moral”, Examen 3, noviembre de 1932

«El Excélsior de hoy afirma que atendiendo a la información que publicó el día de ayer, mandó usted buscar ayer mismo un ejemplar de la revista Examen que servirá de base para la consignación. Al enterarnos de ello nos apresuramos a enviarle con el presente escrito cinco ejemplares de Examen y a pedirle que sean consignados a los jueces. 

Conviene inaplazablemente deslindar en este juicio todas las responsabilidades, ya que el periódico Excélsior, desde un principio ha tratado, con evidente mala fe de involucrar a la Secretaría de Educación Pública en la acusación de procacidad que hace a la revista Examen y que aun después de haber declarado los suscritos categóricamente como lo hicieron ayer, que sus labores oficiales son total y absolutamente independientes de sus actividades literarias, y de haber declarado también el señor Secretario de Educación Pública que la Secretaría a su  cargo es por completo ajena, como órgano del Ejecutivo, a la publicación de Examen y a las actividades extraoficiales de sus empleados, Excélsior vuelve a mezclar hoy en una capciosa cabeza el nombre del Secretario de Educación en este asunto y en el segundo de sus editoriales breves llama “libelo” a la Revista y reproduce los nombres de sus colaboradores acompañándolos de la mención de sus cargos oficiales, al mismo tiempo que habla de “poner a salvo la moralidad y la decencia gravemente ofendidas” y de titular este editorial “Cómo educan nuestros educadores”. 

Ninguno de los escritores mencionados en este editorial ha publicado en Examen, hemos de repetirlo, una sola línea que pueda tacharse de inconveniente desde el punto de vista más estrictamente moral. A excepción del señor Samuel Ramos, que es Oficial Mayor de la Secretaría de Educación, ninguno de los otros señores mencionados es propiamente funcionario de la Secretaría. Y el artículo que en Examen suscribe Samuel Ramos mereció de uno de los más serios y prestigiados colaboradores de Excélsior, don Carlos Díaz Dufoo, amplios elogios que aparecieron en las columnas del propio periódico.»

Jorge Cuesta (director), Samuel Ramos, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, José Gorostiza, Celestino Gorostiza y Rubén Salazar, al Procurador de Justicia del Distrito Federal, 20 de octubre de 1932, “Una carta del director de Examen y sus colaboradores al procurador de justicia del D. F.” (fragmento), citado en Guillermo Sheridan, Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen

« Querido Bernardo: 

La gente acostumbra incluirnos a usted y a mí en un grupo literario al que llaman “la vanguardia”, de Ulises, de Contemporáneos, por la misma razón que acaso ahora lo llamen también de Examen. Es que no se piensa que formamos tal grupo por habernos reunido deliberadamente en torno de una doctrina artística o de un propósito definido; no sabríamos decir, hasta ahora, que la literatura es para nosotros una profesión; menos podríamos decir que es una profesión de fe. Se nos reúne, se nos hace caber en un grupo sencillamente porque se evita, o porque no se desea, nuestra compañía literaria. Reunimos nuestras soledades, nuestros exilios; nuestra agrupación es como la de forajidos, y no sólo en sentido figurado podemos decir que somos “perseguidos por la justicia”. Vea usted con qué facilidad se nos siente extraños, se nos destierra, se nos “desarraiga”, para usar la palabra con que quiere expresarse lo poco hospitalario que es para nuestra aventura literaria el país donde ocurre.»

Jorge Cuesta a Bernardo Ortiz de Montellano, México, 12 de diciembre de 1933, citado en Guillermo Sheridan, Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen

« Usted no debe ignorar, señor secretario, que en el asunto de Examen la ficción ha llegado a tener tanta fuerza como para exponer al ridículo, la miseria y la cárcel a un grupo de escritores que no ha hecho otra cosa que ganar renombre para la cultura de su patria. Tras esa ficción, sin embargo, cualquiera que no sea usted mismo podrá descubrir todavía la verdad, una pequeña verdad inerte, insignificante, pero no por eso menos verdadera: que nos ha sacrificado usted al temor de arriesgar su situación política por una causa que, aunque justa, carece de importancia política. 

Así las cosas, he considerado que debía facilitar a usted, por medio de esta renuncia, la consumación de un sacrificio que en otras circunstancias me hubiera gustado ofrecer a usted en señal de admiración, pero que sólo puede ofrecerle ahora como homenaje a mi propio decoro. Quedo de usted, como siempre»

José Gorostiza a Narciso Bassols, México, 27 de febrero de 1933, Epistolario 1918-1940

«BAJO LA DIRECCIÓN de Jorge Cuesta, poeta y crítico, circula una nueva publicación con el nombre de Examen

En este primer número, Julio Torri escribe acerca del ensayista Díaz Dufoo, Jr., un comprensivo artículo. Díaz Dufoo, Jr., está representado por un “Diálogo” póstumo. Samuel Ramos y Jorge Cuesta publican ensayos. Acerca de la psicología del “pelado”, el primero, que ha sido muy comentado; y acerca de la pintura superficial, escolio a los cuadros de Agustín Lazo, el segundo. El novelista y ensayista inglés Aldous Huxley figura con unas páginas acerca de la música que deberían leer con atención los cronistas de la materia, a fin de mejorar y aligerar sus interpretaciones. Rubén Salazar Mallén inserta los primeros capítulos de una novela, Cariátide, que lo revela como uno de los nuevos escritores de México, dotado del instinto seguro del novelista. Las notas de libros —Chadourne: Rusia sin pasión; Jarnés, Lo blanco y lo azul— aparecen firmadas por Cuesta y Salazar. También la poesía tiene un lugar en este Examen. Toca a Salvador Novo representarla con una serie de nuevos poemas.»

El Libro y el Pueblo, tomo X, núm. 5, p. 40. Se puede adjudicar a Guillermo Jiménez, citado en Guillermo Sheridan, México en 1932, La polémica nacionalista

«Pienso reanudar la publicación de Contemporáneos el año próximo —si la salud no me es infiel— y oportunamente le tendré al tanto del proyecto económico para la publicación y de la orientación general de esta segunda época. Por ahora Jorge Cuesta se lanza a publicar una revista, no muy grande, Examen, que seguirá defendiendo ciertos puntos de vista. Pronto la veremos.»

Bernardo Ortiz de Montellano a Alfonso Reyes, México, 8 de agosto de 1932, citado en Guillermo Sheridan, La polémica nacionalista

«En Examen [Samuel Ramos] publicó dos capítulos sobre el complejo de inferioridad del mexicano, partes del libro. Como Examen fue consignado (bárbaramente) a un juez penal por publicar palabras gruesas, la edición de los dos ejemplares se ha agotado. Gran reclame; pero procuraré conseguir los ejemplares, y se los mandaré aun cuando creo que usted los habrá recibido directamente enviados por Jorge Cuesta. Yo no tengo nada que ver con Examen, más que mi ofrecimiento de colaborar. Y es todo.»

Bernardo Ortiz de Montellano a Alfonso Reyes, México, 11 de noviembre de 1932, citado en Guillermo Sheridan, Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen

«Los escritores que colaboran en la revista Examen –que por su carácter exclusivamente literario y de investigación no puede tener un influjo social inmediato entre la mayoría, escondida bajo el disfraz de las buenas costumbres– no tienen como finalidad literaria, puedo asegurarlo, la divulgación, ya muy bien divulgada, de las palabras vulgares de nuestro idioma.»

Bernardo Ortiz de Montellano, “La opinión de Bernardo Ortiz de Montellano”, Examen 3, 20 de noviembre de 1932. [NOTA: En el número 3 de Examen se recogieron las opiniones de varios escritores. Además de Ortiz de Montellano, participaron Mariano Azuela, Luis Chico, Eduardo Colín, Genaro Fernández McGregor, Xavier Icaza, Enrique González Martínez, Rafael López, Alejandro Quijano, y Julio Torri].

«Examen fue el último intento de una revista generacional por parte de los Contemporáneos. Jorge Cuesta empezó a publicarla en agosto de 1932 y logró imprimir tres números. La hacía en su casa de Tampico número 8. Inició pues la tradición literaria de la colonia Condesa, que entonces parecía tan lejana como Ciudad Satélite. Examen pasó a la historia gracias a Cariátide. Hoy vemos que alló salieron también adelantos de libros fundamentales: El perfil del hombre y la cultura en México de Samuel Ramos, Nuevo amor de Novo, Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo de Luis Cardoza y Aragón, De fusilamientos por Julio Torri»

José Emilio Pacheco. “Delito y literatura, Examen y Cariátide (1983)”, Proceso 247, julio de 1981

«En 1932, por el escándalo de Examen, [los Contemporáneos] tuvieron que abandonar sus empleos oficiales. Examen fue una revista fundada y dirigida por Jorge Cuesta. Duró apenas tres números: la publicación de dos capítulos de una novela de Rubén Salazar Mallén en la que figuraban “expresiones obscenas” desató la gritería de varios periodistas ultramontanos, parapetados en el diario Excélsior. Muchos de los Contemporáneos eran funcionarios de la Secretaría de Educación Pública. Así, el ataque contra ellos en nombre de la moral y las buenas costumbres, estaba dirigido en realidad contra el Ministro de Educación, Bassols, odiado por los reaccionarios. Para esquivar la embestida, Bassols decidió no defender a sus colaboradores. Examen fue consignado ante los tribunales y los inculpados, Cuesta y Salazar Mallén, tuvieron que hacer frente a un largo proceso. “Por primera vez en México”, observa Luis Mario Schneider, “se procesaba a un grupo de escritores y a una revista literaria”. Al final, Cuesta y Salazar Mallén fueron absueltos. Pero mientras tanto —le decía Villaurrutia a Eduardo Luquín en una carta— “Bassols no daba color”. José Gorostiza, Ramos, Pellicer y el mismo Villaurrutia se quedaron sin sus empleos en Educación Pública. No menos grave que la represalia burocrática fue la hostilidad de la prensa. “Examen no saldrá”, decía Villaurrutia en la misma carta, “y estamos condenados, por algún tiempo, a la expresión oral. En los periódicos estamos boicoteados por la descastada casta de los periodistas”. La persecución duró poco; unos cuantos meses más tarde todos ellos habían regresado al Gobierno y trabajaban no en Educación Pública sino en Relaciones Exteriores y en otros ministerios. Cuesta comenzó a colaborar en El Universal y los otros en distintas revistas. Pero Examen fue su última empresa común. Asimismo, fue la más lúcida y rigurosa. Las revistas que sucedieron a Examen fueron órganos de grupos más jóvenes (Taller, Tierra Nueva) o publicaciones eclécticas (Letras de México).»

Octavio Paz, Xavier Villaurrutia en persona y en obra

«El proceso a que me refiero ha sido hasta ahora el único en México en que se ha dirimido judicialmente la libertad de expresión en el ámbito literario. Se inició el procedimiento penal después de un gran escándalo de prensa, en que menudearon las injurias y los más vulgares desahogos en contra mía y de los que, como yo, colaboraban en Examen. Ni la opinión de distinguidos intelectuales, entre los que había algunos de reputación internacional, como Enrique González Martínez y Mariano Azuela, pudo poner un freno a la estupidez y la mala fe.

Jorge Cuesta, director de Examen, y yo fuimos arrastrados a los tribunales entre la jubilosa gritería de ciertos escritores fracasados, metidos a reporteros unos y a comentaristas de periódicos otros. México, alegre y goloso, se divertía: el escándalo difamatorio fue una buena oportunidad para reír.

Por una feliz coincidencia, la acusación en contra mía y de Cuesta, fue turnada a un juez que no sólo lo era muy cumplidamente, sino que además tenía vocación literaria: el licenciado Jesús Zavala. Merced a esa circunstancia, Cuesta y yo obtuvimos una sentencia absolutoria que sirvió de punto de apoyo y norma a los hombres de letras de México: éstos, a partir de Cariátide se resolvieron a usar el idioma con libertad, al margen de prejuicios».

Rubén Salazar Mallén, Adela y yo, 1957

« No es difícil imaginar la escena: uno de los cuatrocientos ejemplares de Examen que llegaban a su restringido mercado fue a dar a manos de los enemigos del secretario Bassols. Al encontrarse con el lenguaje que utilizaban los personajes de Salazar Mallén y, sobre todo, al reconocer en el director de la revista y entre algunos de sus colaboradores a empleados de la SEP, Excélsior sabe que puede abrir un nuevo frente contra el secretario.»

Guillermo Sheridan, Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen, 2011

«Examen apareció en agosto de 1932, a ocho meses del postrer número de la revista Contemporáneos. A pesar de su brevísima vida, me parece que Examen es la primera revista en México que ya no tanto es moderna como contemporánea, la primera en que la crítica de las ideas —filosóficas, políticas, sociales— cohabita con la literatura; más aún, entiende que la práctica imaginativa de la literatura es indisociable de la crítica cultural. En este sentido, Examen se adelanta a otras revistas como El Hijo Pródigo (1943-1946) y, más tarde, a Plural y Vuelta, las revistas dirigidas por Octavio Paz entre 1971 y 1998.».

Guillermo Sheridan, Breve revistero mexicano, 2017

«Nos hallamos ahora, aquí, en un momento peligroso. De no hacer algo tangible, nos dejarán por muertos. La muerte de Examen, la salida de Educación, la falta de situación de Jorge [Cuesta] y Pepe [José Gorostiza], que andan sin empleo, dan fuerza a los bárbaros enemigos nuestros. Hasta Celestino [Gorostiza] ha empezado a ser víctima del más alemán de los músicos alemanes, me refiero a Carlos Chávez. Si usted supiera qué divertidos y cuántas cosas se escriben a propósito de una estúpida encuesta sobre nosotros, sobre lo que llamaban la vanguardia. No faltó alguien –creo que fue Jesús Soto– que hizo nuestro elogio con el tono de la oración fúnebre.»

(Xavier Villaurrutia a Jaime Torres Bodet, [sin fecha, 1933], citado en Guillermo Sheridan, México en 1932: la polémica nacionalista

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