En 1967, la revista Diálogos fue acogida por El Colegio de México. Su director, Ramón Xirau, halló un motivo más para frecuentar la institución en la que tenía amigos de diversas generaciones. Víctor Urquidi, presidente desde 1966, abrió la sala de juntas de la presidencia a todos los profesores de El Colegio y a colegas invitados para que los jueves por la tarde “tomaran el té” y conversaran sobre lo que viniera al caso. Ramón Xirau no fallaba; estaba ahí a “la hora del té”, fumando y haciendo chorcha con todos, aprovechando la ocasión para pedirles alguna colaboración sobre tal o cual tema (sabía lo que hacían los concurrentes), o bien para sugerirle a quien había escuchado que convirtiera la plática en texto; a quien hablaba de un libro, le pedía la reseña.
(Andrés Lira, “Otros diálogos de Ramón Xirau”, Otros Diálogos del Colegio de México, 1, oct.-dic., 2017).
Después del asalto al Fondo de Cultura y del control de la mayoría de los suplementos, ahora se han apoderado de la Revista de la Universidad. Cada vez resulta más difícil publicar en periódicos y revistas mexicanas a no ser que uno se resigne a codearse con Torres Bodet y sus leivas. Qué lástima que Diálogos no dialogue…
(Octavio Paz, Carta a Carlos Fuentes, 15 de febrero de 1967, Carlos Fuentes Papers, Paz, Octavio; Box 306 Folder 4; Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library).
Recordarás que en otra carta mía te decía que nos quedaban dos caminos: concentrarnos en una revista ya existente (pero, de nuevo, ¿cuál?) o, cueste lo que cueste, publicar una nosotros. Por desgracia, según yo ya lo había previsto, Urquidi dio una subvención a Diálogos y en consecuencia esa puerta se ha cerrado. Por cierto, yo no tengo nada contra Diálogos pero Ramón tiene una idea curiosa del diálogo y que consiste en evitar todo tema de discusión —respeta tanto las ideas de los otros que acaba por ignorarlos…) No me parece fácil obtener dinero y el escándalo del CIA, aunque haya sido exagerado, me ha escamado. Prefiero prescribir de toda ayuda yanqui.
(Octavio Paz, Carta a Carlos Fuentes, 15 de marzo de 1967, Carlos Fuentes Papers, Paz, Octavio; Box 306 Folder 4; Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library)
Se me ha ocurrido otra idea. La he consultado con Carlos Fuentes, que la aprueba totalmente. También la consulté con Segovia pero éste aún no me ha respondido. Como el asunto es urgente, sería bueno que usted hablase con Tomás, para conocer su opinión. Se trata de lo siguiente: ¿no habría manera de lograr una fusión con Diálogos? Esa unión nos aseguraría inmediatamente una subvención de El Colegio de México. Estoy seguro que el doctor Urquidi vería con simpatía esta idea, ya que nuestra revista abarcaría temas y problemas que Diálogos no toca. Además, tendría mayor difusión. Por supuesto, y ante todo, habría que contar con Ramón Xirau: no pretendo acabar con su revista sino incorporarla a la nuestra. Me doy cuenta de que mi idea se enfrenta a ciertos obstáculos, unos de índole personal, otros intelectuales y otros económicos. Pero me parece que hay que unir fuerzas y no dispersarse. Si logramos esa fusión, contaríamos con un colaborador de primer orden, como Xirau; además, tendríamos la ayuda de El Colegio de México. Díganos pronto qué piensan usted y Segovia de este proyecto.
(Octavio Paz, Carta a Arnaldo Orfila, Nueva Delhi, a 5 de abril de 1968, Cartas cruzadas)
«Hoy, que Diálogos cumple siete años, me parece oportuno hablar de Plural. Son dos revistas de pareja calidad literaria, nacionales y universales, análogas y a la vez distintas. Dos revistas amigas, que se complementan. Empecé estas páginas diciendo que Ramón Xirau, al mencionar a cinco escritores ilustres, me llevó a pensar en el pasado de mi país, en su pasado inmediato. Quiero terminarlas diciendo que Diálogos y Plural me llevan a pensar en mi propio pasado. Llegan a mi casa, y renuevo mi alegría de los dieciséis o diecisiete años, cuando entraba al escritorio de mi padre y veía sobre el escritorio Nosotros, o la Revista de Occidente. Después, no ya tan joven, cuando leía la N.R.F., Cruz y Raya, Número, cuyo lema era “Sí, sí; no, no”, y que dirigía ese hombre tan retraído y modesto, ese tan buen poeta que es Julio Fingerit, o Sur. Y después, todavía después, cuando en la redacción de Sur encontraba sobre mi mesa de trabajo The Criterion, Hora de España, Partisan Review, El Hijo Pródigo, Cuadernos Americanos, Temps Modernes, Número (esta vez la revista uruguaya que dirigía Emir Rodríguez Monegal). . .»





