Los años de Examen

Dentro del grupo de los Contemporáneos –al que, dicho sea de paso, se sumó poco y tarde– Jorge Cuesta había sido una presencia borrosa. En 1928, cuando firma la Antología de la poesía mexicana moderna, no faltó quien declarase su inexistencia ni quien lo degradase en la escala biológica: alguien lo acusó de ser chivo expiatorio; otro (Abreu Gómez) lo llamó “el perro de presa del grupo al que pertenecía; era una debilidad suya de la cual no pocos abusaron con mala fe”. Hasta la polémica de 1932 y hasta que comienza a editar Examen, el sinuoso Cuesta se empecina en conservarse al margen. Publica poco, escribe muy lentamente su trabucada poesía, no frecuenta los mentideros literarios y parece prepararse para la agitada vida pública que comenzará con su revista.

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